A veces la ansiedad infantil no se presenta como imaginamos. No siempre aparece en forma de preocupaciones constantes o de un niño que verbaliza que tiene miedo. De hecho, muchos niños no saben poner palabras a lo que sienten.

La ansiedad puede manifestarse a través de rabietas, irritabilidad, dificultades para dormir, quejas físicas frecuentes o una necesidad constante de estar cerca de los adultos. Por eso, entender cómo se expresa la ansiedad en la infancia es el primer paso para poder acompañarla.

La ansiedad trae un mensaje que atender

Cuando escuchamos la palabra ansiedad solemos pensar en algo que hay que eliminar. Sin embargo, desde la neurobiología interpersonal de Daniel Siegel sabemos que las emociones cumplen una función adaptativa. La ansiedad es una señal que nos informa de que nuestro sistema nervioso percibe una amenaza o una situación que siente como demasiado difícil de afrontar.

No significa necesariamente que exista un peligro real. A veces el cerebro interpreta como amenazante una separación, un cambio de colegio, una dificultad con los amigos, una exigencia académica, un conflicto familiar o incluso emociones intensas que el niño todavía no sabe gestionar.

La ansiedad aparece cuando nuestro sistema de alarma se activa para protegernos. El problema surge cuando esa alarma permanece encendida demasiado tiempo o se activa con demasiada facilidad.

Por eso, más que preguntarnos qué le pasa a nuestro hijo, puede resultar más útil preguntarnos qué nos está intentando decir a través de su ansiedad.

El cerebro infantil todavía está aprendiendo a regularse

Daniel Siegel explica que el cerebro de los niños está en pleno desarrollo. Las áreas encargadas de reflexionar, planificar, regular las emociones y controlar los impulsos todavía están madurando.

Cuando un niño se siente desbordado por el miedo, la preocupación o la incertidumbre, no siempre puede utilizar la lógica para tranquilizarse. Su cerebro emocional toma el control y su capacidad para pensar con claridad disminuye.

En esos momentos necesita apoyarse en la calma de los adultos que lo rodean. Antes de poder regularse solo, necesita experimentar la regulación en compañía.

Por eso no se trata de que el niño no quiera tranquilizarse. Muchas veces simplemente todavía no puede hacerlo sin ayuda.

Señales de ansiedad que suelen pasar desapercibidas

Cada niño expresa la ansiedad de una manera diferente. Algunas señales son evidentes, mientras que otras pueden confundirse con dificultades de conducta o con rasgos de personalidad.

Preocupaciones excesivas

El niño pregunta constantemente si todo va a salir bien.

Necesita que le aseguren una y otra vez que no ocurrirá nada malo.

Le cuesta tolerar la incertidumbre.

Piensa frecuentemente en posibles problemas futuros.

Quejas físicas frecuentes

La ansiedad suele expresarse a través del cuerpo.

Dolor de barriga. Dolor de cabeza. Náuseas. Sensación de ahogo o malestar.

Cansancio sin una causa médica clara.

Muchos niños expresan con el cuerpo aquello que todavía no pueden expresar con palabras.

Problemas para dormir

Dificultad para conciliar el sueño.

Pesadillas. Despertares nocturnos.

Miedo a dormir solo.

Necesidad constante de comprobar que los padres están cerca.

Irritabilidad y enfados

A veces la ansiedad no se muestra como miedo, sino como enfado.

Detrás de muchas rabietas, discusiones o respuestas desproporcionadas encontramos un sistema nervioso que se siente sobrepasado.

Cuando un niño está ansioso puede reaccionar de forma más impulsiva, mostrarse más sensible o tener menos tolerancia a la frustración.

Necesidad excesiva de control

Malestar ante los cambios.

Rigidez en las rutinas. Necesidad de saber constantemente qué va a ocurrir.

Dificultad para adaptarse a situaciones nuevas.

Evitación

Negarse a ir al colegio.

No querer participar en actividades. Evitar situaciones sociales.

Dificultades para separarse de los padres.

La evitación suele aliviar momentáneamente la ansiedad, pero a largo plazo la mantiene e incluso la aumenta.

¿Por qué algunos niños desarrollan más ansiedad que otros?

No existe una única explicación.

La ansiedad suele aparecer por la combinación de diferentes factores:

  • Un temperamento especialmente sensible.
  • Experiencias difíciles o estresantes.
  • Cambios importantes en la vida del niño.
  • Conflictos familiares.
  • Exigencias académicas o sociales.
  • Experiencias de rechazo o humillación.
  • Separaciones o pérdidas significativas.
  • Situaciones que generan inseguridad o incertidumbre.

Como explican Bruce Perry y Mona Delahooke, cada sistema nervioso responde de forma diferente a las experiencias. Hay niños que nacen con una mayor sensibilidad emocional y necesitan más apoyo para sentirse seguros.

Esto no significa que sean más débiles. Simplemente necesitan un acompañamiento que tenga en cuenta cómo funciona su manera particular de procesar el mundo.

Conexión antes que corrección

Cuando vemos a un niño sufrir, solemos intentar tranquilizarlo rápidamente.

«Tranquilo, no pasa nada.» «No te preocupes.» «No tienes motivos para estar nervioso.»

Aunque estas frases nacen del cariño, muchas veces no consiguen aliviar el malestar.

Daniel Siegel y Tina Payne Bryson proponen una idea sencilla pero profundamente transformadora: conectar antes de corregir.

Cuando un niño está ansioso, primero necesita sentirse comprendido.

Necesita sentir que alguien entiende lo que le ocurre.

Frases como:

«Veo que esto te preocupa mucho.»

«Entiendo que estés nervioso.»

«Debe de estar siendo difícil para ti.»

«Estoy aquí contigo.»

ayudan a que el sistema nervioso empiece a recuperar la sensación de seguridad.

Cuando nos sentimos comprendidos, nuestro cerebro puede volver poco a poco al equilibrio.

¿Cómo puede ayudar la terapia EMDR en la ansiedad infantil?

Cuando la ansiedad se mantiene en el tiempo, muchas veces descubrimos que detrás no hay únicamente una preocupación puntual. En ocasiones encontramos experiencias que el niño no ha podido integrar adecuadamente y que continúan activando su sistema nervioso como si el peligro siguiera presente.

Puede tratarse de situaciones que a los adultos nos parecen pequeñas, pero que para el niño resultaron profundamente impactantes: una separación, un cambio de escuela, conflictos familiares, dificultades con compañeros, experiencias médicas, pérdidas, episodios de humillación o momentos en los que se sintió solo, asustado o desbordado.

En Centre )Eines( trabajamos la ansiedad infantil desde una mirada integradora que combina la comprensión del desarrollo emocional, el apego, la regulación emocional y el tratamiento de las experiencias difíciles que pueden estar manteniendo el malestar.

Una de las herramientas que utilizamos es la terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), un enfoque respaldado por la evidencia científica para el tratamiento del trauma y de numerosas dificultades emocionales.

El trabajo con EMDR en niños es muy diferente a la imagen que muchas personas tienen de una terapia basada únicamente en hablar. A través del juego, el dibujo, los cuentos terapéuticos, el trabajo con recursos internos y diferentes formas de estimulación bilateral adaptadas a cada edad, ayudamos al sistema nervioso a procesar experiencias que han quedado bloqueadas.

El objetivo no es borrar recuerdos ni eliminar emociones. Las emociones tienen una función importante. Lo que buscamos es que esas experiencias puedan integrarse de una forma más saludable, reduciendo la intensidad del miedo, la preocupación o la sensación de amenaza.

A medida que el sistema nervioso recupera la sensación de seguridad, el niño desarrolla una mayor capacidad para afrontar los retos cotidianos, regular sus emociones y confiar en sus propios recursos.

Además, el trabajo con las familias es una parte fundamental del proceso. Los niños aprenden a regularse a través de la relación con los adultos que los acompañan. Por eso, acompañamos también a madres y padres para que puedan comprender mejor lo que está ocurriendo y encontrar formas más eficaces de ayudar a sus hijos.

¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

Es recomendable consultar con un profesional cuando:

  • La ansiedad interfiere en la vida cotidiana del niño.
  • Aparecen dificultades importantes para dormir.
  • Existen síntomas físicos frecuentes sin explicación médica.
  • El niño evita actividades que antes realizaba con normalidad.
  • La preocupación ocupa gran parte de su día.
  • El malestar se mantiene durante semanas o meses.
  • La familia siente que ya no sabe cómo ayudar.

Pedir ayuda no significa que algo se haya hecho mal. Significa reconocer que el niño está atravesando una dificultad y merece contar con el apoyo necesario para superarla.